• Claves para Heredar las Naciones.

    Conferencia Mundial 2005 – Sermón por Pastor Sonny Arguinzoni.


    “Ensancha el sitio de tu tienda y las cortinas de tus habitaciones sean extendidas; no seas escaso; alarga tus cuerdas, y refuerza tus estacas. Porque te extenderás a la mano derecha y a la mano izquierda; y tu descendencia heredara naciones, y habitará las ciudades asoladas. ~ Isaias 54:2-3.

    Vivimos en un mundo que cambia rápidamente. En los últimos años, se han llevado a cabo cambios en el mundo que han afectado no solamente a la sociedad, pero a la Iglesia en general. Ha habido un cambio en lo que concierne a los valores y el compromiso dentro de la Iglesia. Si nosotros como ministerio habremos de heredar las promesas que Dios nos ha dado, y poder mantenernos relevantes y efectivos en estos tiempos cambiantes, hay tres cosas que tenemos que poner en practica.


    1. Para Heredar las Naciones.

    Necesitamos Alzar Nuestras 
    Miradas al Cielo. Debemos 
    reconocer que Dios es la fuente que nos 
    suple. Tenemos un llamado y una misión 
    que Dios nos ha encomendado a cumplir. Si 
    vamos a tener éxito, relevancia y efectividad, 
    primero tenemos que enfocarnos en Dios 
    antes que nada. 
    Nunca debemos olvidar que Dios es 
    “número uno” y siempre necesitamos 
    ponerlo a Él primero. Él es quien nos salvó. 
    Él es quien nos llamó. Tal como dice la 
    escritura en Salmos, “A menos que el Señor 
    edifique la casa, trabajan en vano aquellos 
    que la construyen.” 




    La razón por la cual Victory Outreach ha 
    llegado tan lejos es porque nuestra 
    dependencia ha sido en Dios. 

    No ha sido en 
    el gobierno, ni en grandes corporaciones, ni 
    en la gente, ni en cualquier otra cosa, sino 
    que nuestra dependencia ha sido en Dios. 
    En Salmos 23:1, David reconoció que Dios 
    era la fuente que suplía todas sus 
    necesidades. David dijo, “Jehová es mi 
    pastor y nada me faltará.” No dijo, “El 
    gobierno es mi pastor,” ni “el Seguro Social 
    es mi pastor,” ni “Mi trabajo o mi cuenta 
    bancaria me pastorean.” Ni siquiera la gente 
    le pastoreaba. Sino que David dijo, “¡Jehová 
    es mi Pastor!” 
    En ocasiones tendemos a depender en la 
    gente. Muchas veces esto les ocurre a los 
    pastores. Los encontrará orando, “Dios, 
    envíame un millonario.” Creen que si solo 
    Dios les enviara un millonario, todos sus 
    problemas financieros se acabarían. Me he 
    dado cuenta al pastorear una iglesia que mi 
    dependencia no está en la gente para que 
    cumplan con mis necesidades ni las 
    necesidades del ministerio. Mi dependencia 
    está en Dios, 
    “Jehová es mi pastor y nada me 
    faltará.” 

    Hay varias razones por las cuales batallamos 
    en permitir que Dios sea nuestra fuente que 
    suple toda necesidad. En primer lugar, por la 
    cultura de “Hágalo Usted Mismo” en la cual 
    vivimos. Vivimos en una sociedad secular 
    que a veces se mete en la iglesia. “Me 
    ocuparé de este problema y lo resolveré por 
    mí mismo,”…sin consultar a Dios. 
    La gente dice que “Dios ayuda a quienes se 
    ayudan a si mismos.” En ninguna parte de 
    la Biblia dice eso. Pero lo que sí dice es que 
    Dios ayuda a los que dependen en Él, a 
    quienes lo reconocen como su fuente.

    A veces confundimos el canal con la fuente. 
    Tendemos a creer que la fuente que suple 
    nuestras necesidades es nuestro trabajo. 
    Algunos se aterran si pierden su trabajo, 
    porque consideran a la gente, o sus cuentas 
    bancarias u otras cosas en sus vidas como su 
    fuente. 



    ¿Cómo saber si se es culpable de hacer esto? Si empiezas a depender en otras cosas para suplir tu necesidad en lugar de Dios. Preocupándote de cómo vas a pagar tus cuentas o cómo vas a lograr tener éxito
    dentro de tu ministerio. Cada vez que sientas estas preocupaciones, debería de ser un “Ensancha el sitio de tu tienda y las cortinas de tus habitaciones sean extendidas; no seas escaso; alarga tus cuerdas, y refuerza tus estacas. Porque te extenderás a la mano derecha y a la mano izquierda; y tu descendencia heredara naciones, y habitará las ciudades asoladas. ~ Isaias 54:2-3 aviso que has dejado de buscar a Dios como tu fuente. Un buen ejemplo de esto se encuentra en I Reyes 17:2-6 con la historia de Elías. Había escasez en la tierra. Dios estaba guiando a su siervo Elías por el arroyo y los cuervos venían a alimentarlo. Después, el arroyo se secó. Dios siempre había estado proveyendo pero cuando el arroyo se secó, Elías retiró la mirada de Dios y empezó a quejarse diciendo, “Dios, ya no me amas. Estabas cumpliendo con todas mis necesidades pero ahora todo se secó. Es porque ya no me quieres.” En otras palabras, Elías estaba en una
    “Fiesta de Auto-Lástima” así como muchos de nosotros tenemos en ocasiones. Cuando todo va bien decimos, “Dios, realmente me amas.” Pero en cuanto las cosas no van como esperamos empezamos a llorar, “Dios, ya no me quieres.” Mientras que el arroyo corría, Elías se hubiera puesto cómodo. Pero Dios quería que continuara adelante. En veces Dios actúa así con nosotros. Seca el arroyo en nuestras vidas, las cosas se amargan y llegan los problemas o hay una escasez. Es porque Dios quiere que quitemos los ojos del canal y los pongamos en la fuente la cual es Dios. El quiere que confíes en El.

    “Necesitamos recordar que Dios es nuestra fuente. El arroyo se podrá secar y el canal se podrá secar pero Dios, quien es nuestra fuente, nunca se secará.”




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